Para la madrugada de este miércoles se esperaba que el Falcon 9 se estrellara contra la Luna. La parte descartada de aquel vehículo de SpaceX habría colisionado a unos 8.700 kilómetros por hora en nuestro satélite natural, ante la mirada atenta de los telescopios y astrónomos de todo el mundo. Aunque los especialistas aún no cuentan con los parámetros oficiales, se cree que la parte superior de la nave impactó alrededor de las 4:35 a. m. de la costa Este de EE. UU.

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El cohete Falcon despegó el 15 de enero de 2025, transportando dos módulos de aterrizaje comerciales. Si bien la primera fase de la nave de SpaceX —el propulsor utilizado para el despegue— regresó a la Tierra, su segmento superior sirvió como motor principal para guiar las estructuras robóticas en su camino hacia el cuerpo celeste y, una vez completada su misión, quedó a la deriva en el cosmos.

Alta energía y trayectoria imprevista del Falcon 9

Para aquellas misiones que se dirigen a la órbita terrestre baja, es decir, la región cercana donde la Estación Espacial Internacional orbita nuestro planeta, SpaceX y el resto de operadores se encargan de destruir la fase superior para que se queme en la atmósfera terrestre. Pero cuando la empresa lanzó el Falcon en cuestión, la pesada carga útil requirió más empuje de lo habitual, lo que provocó que el vehículo quedara flotando sin control en el entorno orbital. Finalmente, cayó en una trayectoria que, involuntariamente, lo puso en rumbo de colisión con la Luna. Ante estas misiones que requieren de alta energía, las maniobras necesitan mayor cuidado y complejidad, según afirmó Julianna Scheiman, directora de los programas de ciencia de la NASA y Dragon en SpaceX, en una conferencia de prensa el lunes.

Scheiman afirmó que este fue el procedimiento aplicado para el Falcon 9, el cual siguió “las normas y regulaciones pertinentes”. “Lo hicimos aquí para la segunda etapa de las misiones ispace y Blue Ghost, y lo que ha sucedido es que, esencialmente, una combinación de la actividad solar y las fuerzas gravitatorias la han puesto en una trayectoria hacia la Luna”, señaló la especialista.

En busca del nuevo cráter lunar

Se esperaba que el choque ocurriera a las 2:35 a. m. (hora del este) del miércoles, pero hasta las primeras horas de esa jornada no había confirmación. Un informe de New Scientist sentó la probabilidad de que la colisión haya ocurrido a las 4:35 de la hora del este. Según el artículo, el segmento superior de casi 14 metros de largo y 4.000 kilogramos de peso impactó a la madrugada de este miércoles.

Se preveía que el evento ocurriría cerca del cráter Einstein, lo que lo situaría en el borde de la Luna visible desde la Tierra. La NASA, por su parte, predijo que la colisión habrá creado una depresión de 18 metros de ancho y 4 metros de profundidad, y confirmó que el choque “no representa ningún peligro para la Tierra, y los científicos planean recopilar datos lunares del evento y perfeccionar las técnicas de seguimiento de objetos en el espacio”.

El 15 de enero de 2025, un cohete Falcon 9 de SpaceX, que transportaba dos módulos lunares, despegó. Gregg Newton/AFP/Getty Images

Un entrenamiento clave contra la basura espacial

A pesar de la falta de un registro en vivo a simple vista, la NASA y astrónomos independientes siguieron minuciosamente cada segundo del trayecto. El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la agencia espacial, desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro en California, ya había confirmado con un 100 % de probabilidad que el choque era inevitable, utilizándolo incluso como un valioso ejercicio de entrenamiento para el monitoreo de basura espacial.

El objeto no era menor: la masa colisionó de lleno contra la superficie selenita sin nada que frenara su avance, dado que la Luna carece de atmósfera. Según las proyecciones de los científicos, la violencia del golpe habría levantado una importante columna de polvo y rocas, dejando como huella una excavación estimada en unos 18 metros de ancho por casi cuatro de profundidad. Aunque parezca un evento catastrófico, los expertos recuerdan que el satélite absorbe meteoroides con esa misma fuerza de energía aproximadamente cada seis días.

La expectativa por las primeras imágenes

La gran incógnita ahora pasa por las imágenes. Capturar el momento exacto en tiempo real era una misión compleja para la Oficina de Entornos de Meteoroides debido a las condiciones de iluminación y al clima terrestre. Sin embargo, todas las miradas están puestas en los próximos días: tanto el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA como el instrumento ShadowCam de Corea del Sur sobrevolarán la zona entre los cráteres Einstein y Bell para fotografiar el "antes y después" del terreno.

Más allá del insólito desenlace, este tipo de impactos no representa un peligro ni rompe los protocolos internacionales. Desechar estructuras superiores sobre el suelo lunar es un método técnicamente aceptado y seguro para misiones de alta energía. Para la comunidad científica, este accidente orbital termina convertido en una oportunidad de oro: analizar el material expulsado permitirá entender mejor la geología lunar y perfeccionar los modelos para las futuras misiones espaciales que buscan devolver al ser humano a nuestro satélite.